José tiene 29 años, nació en La Zubia, Granada, ciudad donde se crió. Se fue de casa con 19 para trabajar y estudiar Comunicación Audiovisual en la Universidad del País Vasco y en la Universidad Pompeu Fabra. Ahora estudia Administración y Dirección de Empresas en la UOC. Lleva 10 años en coctelería y dos en Milano Jazz Club. Desde agosto es, además, el programador de los conciertos del local.

 

¿Cuándo comenzó tu interés por la coctelería?

Al principio era un trabajo de estudiante. Divertido, para conocer gente interesante y a veces hasta ligar. Yo estudiaba audiovisuales y me fui dando cuenta de que la coctelería por sí misma era un lenguaje con sus normas gramaticales, igual que el cine.

¿Esa similitud que ves fue la que te llevó a adentrarte en ella?

Para mí implica la posibilidad de expresar mis inquietudes artísticas a partir de la bebida. Supongo que es una manera muy personal de verlo pero es todo un universo. Cuando hablas con la gente aplicas la semiótica en toda su magnitud. Cuando preparas un cóctel, la cocina, la química, la física. Cuando lo sirves, la estética, la puesta en escena. 

¿Habías trabajado antes en otros ámbitos del sector de la hostelería?

He trabajado a lo largo de mi vida profesional en todo tipo de negocios. Desde bares de barrio de «café-con-leche-cruasán», hasta hoteles de lujo y barcos de cruceros. En coctelerías de diseño de «mírame-y-no-me-toques», en antros y en bares con corazón.  Milano es un bar con corazón. Creo que lo único que me falta es trabajar en aviones y transbordadores espaciales. Todo se andará.

 

«Siempre se ha dicho que hay que saber anticiparse a las necesidades del cliente. Yo creo que es mucho más importante tener orejas y escuchar qué es lo que el cliente quiere.»

 

¿Qué es para ti un buen cocktail?

Una buena película, es ese pequeño paraíso que todos tenemos en el que por un segundo somos felices en medio del caos y podemos apreciar la belleza en medio de lo sórdido.

¿Qué tipo de cocktails te gusta hacer?

El favorito de mi invitado. Siempre. Me gusta que mi invitado sea el protagonista.

Y si el invitado eres tú, ¿cuál es tu cocktail preferido?

No tengo uno, depende del momento. 

¿Qué valoras más, la presentación del cocktail o el resultado (el sabor)?

Ambos, aunque para ser honesto creo que al final, en mi caso, pesa más el sabor. Lo más importante en el cóctel es el equilibrio.

Eres camarero de sala en Milano Jazz Club. ¿Crees que el trato al cliente es muy importante?

Es esencial. Tiene que ser muy cuidado. Hay que darle cariño y buen servicio a partes iguales. Me gustaría matizar algo. Siempre se ha dicho en nuestro oficio que hay que saber anticiparse a las necesidades del cliente. Yo personalmente, creo que es mucho más importante tener orejas y escuchar qué es lo que el cliente quiere, lo que dice y lo que no dice.

 

En el medio, rodeado por los componentes de Jean Pierre Derouard Quartet, José Fernández

 

 

Supongo que hay que combinar un poco de todo, como en la filosofía de Milano, que combina jazz y cocktails. ¿Qué te parece la mezcla?

Quiero citar a Frank Tirro*, un especialista en jazz entre otras muchas cosas. En el prefacio de su libro Historia del jazz clásico dice que «el jazz es música democrática en el mejor sentido de la palabra […], ejecutantes e incondicionales provienen de los ámbitos más diversos […]. Su lenguaje es director y expresivo, pueder ser simple o elocuente, y requiere una interacción entre ejecutante y oyente que precisa de activa participación por parte de este último.» Si cambias jazz por cócteles sigue teniendo sentido. Por eso casan perfectamente.

 

«¡No paramos de hacer cosas! Tenemos en marcha un proyecto para colaborar con jóvenes talentos de las escuelas de música de Barcelona.»

 

Desde agosto te encargas de programar los conciertos del local. ¿Cómo es esa parte de tu trabajo en Milano?

Es un trabajo muy completo y que lleva muchas horas. Tienes que escuchar mucha música y estar atento a la actualidad de la ciudad. Es agradecido si te gusta la música. Lo que más me gusta es hablar con los músicos. Les tengo muchísimo respeto y aprendo mucho de ellos. Los anteriores programadores, Dave Mitchell y Nono Fernández son grandes artistas y su labor ha sido esencial a la hora de arrancar la música en vivo en el local con los mejores músicos. Mi labor es mantener la calidad de la música y buscar propuestas atractivas para el público.

Tú te has atrevido con otros estilos además de los más característicos de Milano (jazz, blues, soul…). ¿Qué aceptación ha tenido el cambio?

La actitud de la gente ha sido muy favorable y en general la de los artistas también porque se les ha dado un espacio para mostrar sus proyectos más nuevos sin preocuparnos por si encajan perfectamente bajo la etiqueta de «jazz» o «blues». Seguimos haciendo jazz y blues y hemos podido contar con grandes estrellas locales e internacionales, pero ha sido un acierto programar boogie y r&b. A la gente le encanta.

¿Cuáles son tus apuestas como programador de música de Milano?

De vez en cuando podemos programar formaciones de cuatro y hasta cinco músicos. Toni Solà, Susana Sheiman, Gemma Abrié, Ignasi Terraza, Gerard Nieto, Lluís Coloma, Dani Pérez y muchos otros son colaboradores habituales y hemos tenido el privilegio de contar con la presencia de Sax Gordon, Dick Oatts, Jean Pierre Derouard, Dani Nel.lo, Marc André Léger, Tom Principato y muchos otros. Además hacemos dos festivales de jazz y blues al año, uno en marzo y otro en agosto. ¡No paramos de hacer cosas! Ahora tenemos en marcha un proyecto para colaborar con los jóvenes talentos de las escuelas de música de Barcelona.

 

 

* Frank Tirro. Historia del jazz clásico. 2007. Ediciones Robinbook, S.L. Barcelona

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